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"El Padre director con su consejo fijará el número y calidad de los alumnos". "Las precedentes condiciones no se someterán al criterio de una asamblea popular, antes de su aprobación por la curia diocesana y por la Orden Capuchina" (49). Aprueba el ministro provincial, P. Ricardo de Lizaso, las cláusulas precedentes por "muy atinadas y justas"; y el pueblo de Tulcán, entusiasmado, se apresta al nombramiento de comités que arbitren los bienes raíces, aún no consignados, pese a las reiteradas promesas (50). Mons. Luis Silvia Haro, recién entronizado en su diócesis de !barra intenta asegurarse la baza de la curia, apelando al sufragio popular. Por lo que propone: que se discutan las bases ante el vecindario reunido en asamblea, presidida por el vicario general, con un delegado del padre custodio, los párrocos de la iglesia matriz y de la de San Francisco y un canónigo del cabildo ibarrense; que se pongan las pensiones al alcance de la clase menos favorecida, como en el "Sánchez y Cüuentes" de !barra; que el nuevo colegio esté sujeto a la inspección diocesana en lo referente a formación religiosa y a la conducta moral y disciplinar; y que el prelado diocesano sea el representante legal de todos los donati– vos en favor del colegio y el censor de cuentas. Certeramente recela Santos de Egüés que, con tales cortapisas, el proyecto acariciado terminará en naufragio (51). Y se ratifica al cerciorarse de las secretas trapisondas de los curiales de !barra (obispo y canónigos) para construir fuera del solar capuchino y entregar o confiar la dirección del colegio a los Hermanos Cristianos de Tulcán o a los Claretianos de Colombia. Y Gregario Ballona no halla otra razón de ese proceder que un afán transparente de gobernar el nuevo centro docente, "por creerlo una vaca lechera, y reducirnos a nosotros a simples profesores al servicio del obispo y de los canónigos" (52). Pero los sueños, sueños son, aun los de pesadilla. Parroquia de San Francisco.- Con el obispo Silvia hemos topado! Y era amigo del padre Grega– rio de Mondragón desde la fundación de Santa Ana de Guayaquil. Y acudía a solemnizai· con sus pontificales las fiestas de Fátima, de San Francisco, de las XL Horas en el convento capuchino de. !barra. Y le acompañaban canónigos, amigos cordiales de los frailes, como el Dr. Liborio Madera y los incondicionales Dr. Loyo, Dr. Girón y Dr. Veintimilla... Pues con todo y con eso, no será más risueño el fin y 209

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