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a la Orden capuchina. Se construirá el inmueble sobre terrenos de dicha Orden, que se compromete a enviar dos religiosos titulados para iniciar las tareas escolares, número que habrá de recrecer hasta el de seis en término de otros tantos años; el resto del personal docente puede ser libremente contratado entre religiosos capuchinos o seglares. A los mismos capuchinos compete la elaboración de un reglamento y lo concerniente a los derechos de matrículas y pago del profesorado, de acuerdo con las leyes ecuat01ianas. El "Comité pro Colegio Católico" se compromete a incrementar bienes raíces con sus rentas, al compás de las necesidades (44). Respondió el P. Lizaso que, personalmente aceptaba gustoso la propuesta; pero que tendría que decidirlo con su definito1io (45 ). El nuevo obispo de !barra, Mons. Luis Silvia Haro, no sin cierta intención de plantar su báculo en el contrato, amenaza con dar batonazo en el añascado asunto parroquial (se volverá sobre el caso), si la Orden no acepta la responsabilidad del proyectado colegio de secundaria; pero propone como director a un católico seglar ecuatoria– no y provisionalmente, para el primer cmso inmediato, el arriendo de un local. A que replica el custodio Langarica que prefiere esperar hasta la aprobación de las bases, no vaya a convertirse el centro cultural en manzana de discordia (46 ). Gregorio de Mondragón (Rogelio Ballona), que ha sustituído en Tulcán al dimisionario Vicente de Artavia, halló los ánimos encrespados contra la fraternidad. Con diplomática paciencia consiguió persuadir a las autoridades que el convento recién inaugurado no se prestaba para los fines culturales que se buscaban. Pero el cabildo catedral, con su vicario al frente, volvieron a enredar la madeja, recurriendo al discutido y espinoso problema de la extinguida parroquia conventual: se le renovaría el contrato por otros diez años si los capuchinos se comprometían a levantar un colegio de nueva planta, con las limosnas de los fieles, en solar de la Orden. Mientras permanecieran al frente del mismo, la Orden conservará la propiedad del edificio, que, en caso de abandono, pasará a la curia diocesana (47). El definitorio provincial de NCA, más acorde con la oferta del comité, que fue la originaria, que con las innovaciones de los canónigos, condiciona su laudo a esta contrapropuesta: 207
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