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horas -escribe al provincial Ricardo de Lizaso - me he hecho cargo ya de esta mamarrachada (27) que llaman en la Provincia Colegio de Tulcán y en la Custodia el mayor disparate de N.N. y la más calamitosa debilidad del M. Rvdo. P. Ruperto de Arizaleta". Hay 22 alumnos, a los que Nemesio no se atreve a calificar de "seráficos", porque los más piensan, según manüiestan en sus caitas, en formarse para después ayudai· a sus familias; sin insistir en los hijos de borrachos y de divorcia– dos. En general, todos de muy humilde extracción. Respecto del profesorado, hay un responsable por cada curso, son tres y los tres acogotados de trabajo en las clases, sin textos apenas, y en la parroquia (confesiones, funerales, misas cantadas, entierros, novenas, homilías, ministerio en los recintos); y los tres, de mediana salud. "La fundación del colegio debía haberse retrasado por lo menos diez años" (28). Vida tan dura y de porvenir tan incie1to que justifica en paite, a juicio del propio Nemesio, la estampía de Añézcar. Porque Eustaquio fue el primer nombrado, a11tes que el de los Arcos; pero se largó por tierras de Colombia y de Cuba y no paró hasta Argentina, aunque sin perder en ningún momento el contacto epistolar con el provincial de Navarra y con el custodio de Ecuador ni, en lo posible, su observancia regular en un convento capuchino. La situación se agrava por día -comenta el P. Nemesio-. "Este convento es el campo de Agramante. Lleva la maldición de San Francisco. No pasa día sin algún disgusto... Mucho trabajo y mala comida, ¿por culpa de quién? Lo cierto es que comemos muchos días peor que los animales de nuestra tierra: primer plato, sopa de morocho; segundo, tres cucharadas de alubias (y no exagero); y tercero, un pedacito de carne que no se ve en el plato. Los domingos suele mejorar un poquito el menú". "Nos levantainos a las 5 y terminamos a veces el trabajo en la iglesia a las 9 y 10 de la mañana. ¿Qué ganas vamos a tener de dar clase, si para colmo tenemos por desayuno una taza de aguachirle? Y no se puede abandonar al P. Guardián (Gregario de Mondragón) en sus compromisos, que tampoco los puede rehuir por estar unidos a la parroquia". A causa de la colaboración en el ministerio parroquial se ha tenido que prescindir de las clases a los de tercer curso, que han amenazado con volverse a sus casas si no se les atiende. Los gastos en tela de hábito, en libros, etc., que son ta11tos, los ha tenido que afrontar la fraternidad de Tulcán, sin recibir un centavo de la contribución señalada a los demás conventos. Por lo demás, está satisfecho el director Nemesio de la conducta de sus seráficos, de quienes no le consta hayan incurrido en frivolidades peligrosas (29). 203
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