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dad de tres o cuatro profesores, cuando son tantas cargas ministeriales; jusga más atinado que el uniforme talar en los niños limitar su vestición, como en Pasto, a los actos oficiales, a tono con la costumbre del país y con la economía que supone prenda tan práctica como el poncho. Las otras condiciones señaladas por Anuazu pueden considerarse " un desideratum para más adelante. El fracaso del colegio, lo que Dios no permita, no ha de venir de estas deficiencias" (17). Si no por estas deficiencias, puede llegar el fracaso por otras. No tarda mucho tiempo en surgir el conflicto entre el director, minado de salud y el custodio empeñado en aliviarle, sin acertar con el remedio. "Unos y otros me crean problemas --contesta el P. Ruperto-- y nadie me da solución para resolverlos. ¡ Qué amargo es ser superior en estas circunstancias! " (18). ¡Y él que ni en los mejores tiempos había querido serlo! Arruazu desespera por la indisciplina del colegio, difícil de man– tener cuando todo está en obras, las gentes entran y salen a su antojo, los niños llegan a tener sus enamoradas. ¿Qué espíritu de piedad puede cultivarse en ellos? Hay ocasiones en que el director se halla entera– mente solo al frente del colegio, del convento y de la parroquia. Los otros, en misiones , en el servicio pastoral de los recintos, en el hospital... No más que por obedecer al custodio provincial retiró su petición de destino al Napo. Pero como la situación actual no cambie, "de mi parte le diré que en modo alguno aceptaré la dirección del colegio. No es rebeldía, ni mucho menos. Es que así la vida se hace insoportable". Es de parecer que si no se prevé una total mudanza, se cierre el colegio. Insiste en las malas condiciones de comida y de alojamiento y aun de profesorado , mediatizado y disconforme, y en el espíritu disipado de los seráficos (19). Con amargo pesar reconoce el P. Ruperto realidad tan acuciante; " y con gusto rehuiría el principal quebradero de cabeza, que es el colegio, por el año escaso de custodio que me queda"; pero juzga en conciencia que no se puede hacer , "porque familias y alumnos tienen ya ciertos derechos con nosotros; y nosotros no podemos interrumpir la obra" (20) . Algún alivio debió de procurarles, siquiera en el aspecto financiero, al padre custodio que no dispone en sus cuentas sino de 1.500 sucres de deuda; y al padre Angel de Ucar, que tiene "totalmente acabada la plata" (21) aquel telegrama girado desde Quito, con fecha 17 de julio de 1953: " PRESIDENTE VELASCO !BARRA. AccediE:!ndo amable 201
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