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282 LOS IDEALES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS severamente al Fraile y le mandó que se quitara el hábito en presencia del pobre, que le besara los pies y le pidiera perdón. Y añadió: "El que maldice a un pobre, hace injuria a Cristo, cuya noble imagen lleva en sí el pobre; ya que Cristo se hizo pobre por nosotros en este mundo" ( 42 ). Otro día se encontró Francisco con un hombre pobre y enfermo. Esta doble desgracia, la pobreza unida con la en– fermedad, afligió grandemente al Santo. Comenzó a hablar con el compañero sobre la pobreza hasta que se vió todo inflamado de compasión y amor para con el pobre enfermo. El compañero escu– chaba todo tranquilamente, pero dudaba en su interior de si el hom– bre estaría conforme con su suerte. Al fin dejó escapar esta adver– tencia: "Hermano, verdad es que ese es pobre, pero quizá no hay en toda la región uno que más deseara ser rico." Reprendióle duramente el Santo y cuando el culpable hubo confesado su culpa recibió esta respuesta del Santo: "Vete presuroso, quítate el hábito, póstrate a los pies del pobre y confiésale tu culpa. Y no te contentes con pedirle perdón, sino pídele también que ruegue por ti." Obedeció el Fraile, y después de dar la satisfacción volvió al Santo, el cual le dió esta severa lección: "Cuando ves a un pobre, oh hermano, piensa que tienes delante un espejo del Señor y de su pobre Madre. Asimismo en los enfermos considera las enfermedades que por nosotros tomó sobre sí" ( 43 ). A lo cual advierte Tomás de Celano: "Así era; Fran– cisco miraba de continuo al rostro de su Cristo, se ocupaba de con– tinuo del varón de dolores y experimentado en enfermedades" ( 44 ). Pero así como el Santo exhortaba a sus Frailes a que estimaran y amaran a los pobres por respeto a Dios, así no menos exhortaba a los pobres mismos a que concibieran y sobrellevaran con idéntico idea– lismo su pobreza. En cierta ocasión tropezó en Calle, condado de Perusa, con un pobre mendigo, a quien había conocido en el siglo. Movido de un vivo interés se dirigió a él y le preguntó: "Hermano, ¿qué tal te va?" Aquél comenzó a echar maldiciones contra su señor, que le había quitado todos sus bienes: "Gracias a mi señor, a quien Dios todopoderoso maldiga, me va muy mal." Francisco, compade– cido más de su alma que de su cuerpo, viéndola endurecida en odio mortal, dijo al desgraciado: "Hermano, perdona por amor de Dios (42) "Qui pauperi maledicit, Christo iniuriam facit, cuius portar nobile sig– num, qui se pro nobis fecit pauperem in hoc mundo." THOM. CEL. 1, n. 76. (43) "Cum pauperem vides, o frater, speculum tibi proponitur Domini et pauperis Matris eius. In infirmis similiter, infirmitates, quas pro nobis assurnpsit, considera." THoM. CEL. II, n. 85. (44) "Eia semper mirrhae fasciculus commorabatur Francisco, semper respicit in faciern Christi sui, semper virurn dolorurn et scientern infirmitates attrectat." Ibídem.
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