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214 LOS IDEALES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS palabras, el mismo interior y exteriormente, el mismo como superior y como súbdito! Tú que siempre te gloriabas en el Señor, no deseabas gloria humana, ni el honor propio" ( 5 ª). Si alguna vez le ocurría pensar alguna cosa menos perfecta, lo con– fesaba públicamente. Hubiera querido ser de cristal, para ser trans– parente a todos. Un dfa yendo por la ciudad de Asís se encontr6 con una pobre anciana que Je pidió algo de limosna. No teniendo él otra cosa que un manto, se lo dió alegremente. Después sintiendo en su corazón movimiento de vanagloria confesó en presencia de todos que había tenido soberbia ( 57 ). Una vez quiso hablar con Fray Bernardo en ocasión en que este se hallaba tan abismado en Dios, que no oía siquiera las voces que le ' daba el Santo. Esto disgustó algún tanto a Francisco, el cual casi co– menzó a quejarse en su interior por la desobediencia de Fray Bernardo. Pero cuando llegó a conocer su falta, se acusó de ella, se echó en tierra y dijo a Fray Bernardo: "Te mando por santa obediencia que para castigar mi presunción y osadía, al echarme yo ahora en tierra boca arriba, me pongas un pie sobre el cuello y así pases tres veces de un lado a otro diciendo: "Bien estás ahí, grosero hijo de Pedro Bernardone" ( 58 ). A menudo se sometía el sencillo varón a tales humillaciones por pensamientos imperfectos que tal vez le ocurrían, de modo que Tomás Í de Celano puede escribir en general: "Muchos actos de esta clase ¡ realizaba con suma frecuencia, para hacerse completamente desprecia- Í ble e incitar a los demás a buscar honra perpetua. Se tenía por una va- ! sija inútil. .. ; se entregaba valerosamente a las injurias para que el amor ! propio no le llevara a desear algo temporal" (ºº). En verdad era "un va- ! rón de simplicidad columbina", nota un cronista de aquel tiempo ( 60 ). ! El mismo carácter procuraba Francisco imprimir también a sus dis– cípulos. Entre las principales lecciones que les enseñó ya desde los prímeros días se encuentra siempre la sencillez. "El santo Padre les enseñaba a cumplir la perfección evangélica, a observar la pobreza y ! a caminar por la senda de la santa· simplicidad", refiere un contempo– ráneo ( 61 ). Para probar la sencillez de sus discípulos, inventaba a las veces niñerías, que hoy nos parecen pueriles, como cuando mandó a ( 58 ) Ibídem. (fi7) Ibld., U, n. 132. (118) Actus b. Franciscí, c. 2. (DO) THoM. GEL, I, n. 53. (60) Chronica Dmorum et praecipue Silandiae, en LEMMENs, Testimonia minora saeculi XIII de S. P. Francisco, en "Archiv. fr:mc. hist.'', I, 77. ( 6 1) WALTERUS 011, GYSBUllNE, Chronica de gestis regwn Angliae, en LEM– MENS, ibld., 78.

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