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OBEDIENCIA Y SIMPLICIDAD DE SAN JtRANCISCO 211 Este es el tipo de la obediencia franciscana; superiores y súbditos empeñados en humilde porfía por ocupar el último lugar, y en esta porfía unidos (como veremos más tarde) con los lazos de un amor verdaderamente fraternal. II. Lo mismo que la obediencia, también la sencillez de Francisco es una consecuencia necesaria de su humildad. Ambas a dos, la hu– mildad y la sencillez, están tan íntimamente unidas, que sólo un ojo muy fino puede distinguirlas. Es humilde el que no quiere ser tenido por más de lo que es; sencillo, el que no quiere aparecer distinto de Jo que es ( 48 ). Pero el querer ser tenido por más de lo que uno es, va en menoscabo de la. sencillez; y el querer aparecer distinto de lo que uno es, va en menoscabo de la humildad. Por eso Francisco con mucha frecuencia nombra a la sencillez a una con la humildad y la nombra con tal devoción y habla de ella con tan vivo entusiasmo, que no pue– de menos de causar admiración a un hombre del mundo. En efecto, el mundo tlUn en el mejor de los casos no tiene para la simplicidad más que una sonrisa compasiva, cuando no ( y es lo ordina– rio) la burla y el desprecio. El nombre mismo ha venido ya a ser una expresión de menosprecio, pues sin duda que la mayoría de los hom– bres sufrirá más fácilmente el ser llamado astuto, bellaco, ladino, ar– tero, insidioso, solapado, doblado y hombre de dos caras, que no el que le den el sobrenombre de simple. Esta noble virtud se halla tan completamente proscrita, que se necesita un ánimo más que varonil para tomar su defensa, cuánto más para ejercitarla en todas las situa– ciones de la vida. Las apariencias y la ostentación, la hipocresía y el fingimiento, la doblez y· el engaño dominan hoy no ya sólo el comer– cio, la política y la formación del hombre de mundo, no; todo el trato social y con frecuencia aun la vida íntima de· familia se hallan inficio– nadas de ese veneno. Hasta hemos olvidado a ser completamente hon– rados, sinceros y francos con· nosotros mismos y con Dios. ·No hay duda, la doblez es el espíritu del mundo y de nuestro tiempo. Pero et espíritu del cristianismo es la sencillez. ¿Hay cosa más en– cantadora que la sencillez de nuestro Señor y Redentor, la cual arras– tra hacia sí todos los niños y sólo escandaliza a los pérfidos fariseos? ¿Hay nada más tierno, que aquel Evangelio de la sencillez, donde dice Jesucristo: "En verdad os digo, si no os hacéis corno los niños, no entraréis en el reino de los cielos"? ( 49 ). Si no os hacéis como niños, (48) "Simplicitas dicitur per opposirum duplicicati, qua scilicet aliquis aliud habet in corde, et aliud ostendít exterius. , . qua horno unum praetendit et aliud intendit." S. THoMAs Ao., Summa theol., 2, 2, q. 109, a, 2 ad 4. "Verira.~ ídem videtur essc simplicitati, quia utrique opponitur simulatio." lbíd., 2, 2, q. !09, a. 2, 4. (40) MAT., XVIII, 3.

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