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131 Obispo de Casanare, al fin aceptó. Después el Delegado Apostólico le designó para ocupar la Sede de Santa Marta, siendo consa– grado en la. Iglesia del Rosario de Barranquilla, el 20 de octubre de 1904, siendo consagrante el Excmo . Sr. D . Francisco Rago– nesi, Delegado Apostólico de Colombia, cesando en el cargo de Custodio. El estado de la Misión Guajira no es muy satisfactorio durante el gobierno del M. R. P . Francisco de Orihuela, no por falta de celo en él y en los misioneros, sino por las circunstancias que atra– vesó el país y por la condición del indio guajiro . Por causa de la guerra fueron cerradas todas las casas de la Misión, siendo algunas de ellas ocupadas por los revolucionarios, y otras destruídas; viéndose los misioneros perseguidos, encarce– lados y multados con fuertes sumas, por considerárseles desafec– tos a los liberales. Por esta causa los misioneros se dispersaron entre Caracas, Maracaibo, Barranquilla y Curazao, porque los revolucionarios se hicieron fuertes en las provincias del Valle y Padilla, y sobre todo en la Guajira. Cuanto sufrieron los misione– ros durante este período, no es para dicho ; sin embargo, confor– mados con la voluntad de Dios, traba jaban lo que podían donde se hallaban. ' La condición irreductible de l indio gu ajiro , el tráfico escanda– loso e inmoral de los civilizados, que fomentaban el robo, la com– pra de indios y la poligamia entre los sal vajes, eran otras tantas causas que hacían imposible la ci v ilizaci ón del guajiro, y a la vez hacían estériles los trabajos y sacrificios de los misioneros, hasta el punto de no encontrar en toda la Gua ji ra, de los ocho mil o más indios guajiros bautizados, uno sólo que v iviese cristianamente, ni que supiese su nombre. Ante cuadro tan desconsolador, el Custo– dio opinó que los religiosos se dedicaran a evangelizar los pueblos de civilizados. · Asimismo el Custodio puso en conocimiento de la Santa Sede lo que ocurría en la Guajira respecto de los bautizados, y pregun– taba si deberían seguir bautizando los misioneros. Y le fué contes– tado que no deberían bautizar sino aquellos niños de los cuales tuviesen seguridad de que serían educados cristianamente; ni a los adultos, si no ofrecían garantías de una nueva vida. Con esto tran– quilizáronse los misioneros, siendo esta determinación ocasión de buscar nuevos horizontes a fin de asegurar los nuevos frutos evan– gélicos que pudieran cosechar.
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