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CAPÍTULO XXXI @onsecucncias de fa fJUC.t:'7-'Cl SUMARIO: El Coristado. - El Vicario Capitular S. V. - El Obispo de Santa Marta. - Estado de la Misión. - El bau– tismo de los guajiros. os novicios que con motivo de la guerra fueron trasladados a Guamachal, después de profe– sos fueron llevados a Guarero, estación si– tuada en la península guajira, lindante con Venezuela, en el confín oriental de Colombia. Fueron llevados allá a fin de alejarlos de los puntos que estaban en guerra, y allí se encon - traban muy bien, contentos y aplicados al estudio, con su profesor el P. Atanasia de Manises; pero su paz y tranquilidad no fueron muy duraderas, pues llevada la guerra hasta el último rincón de la Guajira, hubo necesidad de abandonar la casa y refugiarse en Ve– nezuela, en la casa que ocupaban los Padres castellanos en Mara– cáibo. Allí fueron, pues, seis coristas, dos legos y los PP. Atana– sia de Manises y Esteban de Uterga, que era el Superior . Cuando llegó la orden de Roma para que los valencianos evacuaran Mara– caibo, aun permanecieron dos meses más por causa de la guerra. Entretanto, se discurría dónde sería mejor llevar a los coristas; unos opinaban que a Santa Marta, otros que a Riohacha y otros 9

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