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388 DE LA MEDICINA Y LAS MISIONES § 11. La Medicina y !11s Misiones 275. Juzgamos intimamente unido a los fines y medios materiales el problema de la medicina e higiene, aplicadas a las Misiones. En efecto: los infieles y salvajes no están solamente enfermos del alma, sino también generalmente de los cuerpos. ¿ Quién no ha oído hablar de los estragos que causa la lepra, el tifus, el paludismo, y otras plagas fatídicas que suelen asolar y devastar los países incivili– zados e incultos ? Pues bien ; ni Jesucristo ni la Iglesia se han olvidado de las enfermedades y padecimientos humanos; porque su caridad bienhechora se extiende a toda clase de necesidades. Nuestro Santísimo Padre escri– bía en la Encíclica Rerum Ecclesiae: «No olviden los mi– sioneros, que la manera de ganarse a los indígenas ha de ser la que usó el divino Maestro, cuando vivía sobre la tierra. Curó a todos los enfermos. Y le siguieron muchos y les curó a todos. Compadecióse de ellos y curó sus enferme– dades (1). Y le mismo mandó hacer a sus discípulos, dán- deles el poder para ello: «Y en cualquier ciudad donde ea– tráreis... curad los enfermos que en ella hubiere, y de– cidles: se ha llegado a vosotros el reino de Dios. Y sa– liendo, recorrían los puebos, evangelizando y curando en todas partes» (2). De dos maneras se puede ejercer la medicina e higiene entre los salvajes; l.Q Enviando médicos, especialistas y enfermeros a los p~íses de misión, al servicio de los mismos misioneros y de sus misionados. No hay duda que esto es lo más acertado y así lo han empezado a practicar en Alemania y Norte América. 2.Q Pero esto no será factible (1) Matth. XII, 15. (2) Luc. IX, 6.
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