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deza. La debilidad de la verdad y el esplendor del amor es la ver- dadera fuerza de la verdad cristiana. Existen todavía muchas regiones insuficientemente exploradas en el mismo Nietzsche. La grandeza de lo sagrado que aparece en sus visiones sobre Jesús están llenas de provocación y estímulo, no siempre reñidas con la bondad y el amor. Todos sus insultos y blas- femias tienen una nostalgia infinita por el Dios Santo, por el amor que ennoblece, por el Padre que fortalece y hace libre. Tienen un rechazo visceral de lo que es pequeñez, imposición moral, ley, olvi- do de la belleza. Es necesaria mucha valentía para criticar nuestras propias convicciones, y quizás este es el valor de Nietzsche, que se ha permitido criticar nuestras propias verdades. Obligándonos a diferenciar —que no separar— moral y religión, a no identificar pre- cipitadamente ley y evangelio, gracia y cultura, Iglesia y sociedad. Sería conveniente hacernos con un aparato conceptual nietzs- cheano que esté al servicio de la cristología. Nos interesan de Nietzsche ante todo las propuestas epistemológicas, contemplar al Dios de Jesús desde la epistemología dionisíaca, recuperando la ale- gría por la verdadera vida. Nietzsche quiere romper con las univer- salizaciones y lo abstracto. Nos queda lo sorprendente, lo inmediato, lo fascinante. Nietzsche nos puede ayudar a desmoralizar a Jesús. No podemos acercarnos a él con valores previos: si lo hacemos lo estamos domesticando. No es Jesús el que ha de adquirir sentido, sino precisamente Él, el que da sentido a la historia y a la humani- dad, porque el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (GS 22). J AIME R EY E SCAPA , OFMCap Instituto Teológico San Esteban, Salamanca 412 JAIME REY ESCAPA

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