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246 ISABEL ORELLANA en la importancia de su trabajo intelectual. Fue el segundo motivo de su aplazamiento, junto al consejo alegado para evitar el dolor de su madre. Y, curiosamente, después de haber sido rechazada en la docencia universitaria por su condición femenina de manera reiterada, y cuando menos le interesaba la búsqueda de la verdad por medio de la filosofía, puesto que ya la había encontrado por el camino del amor, el mundo filosófico comenzó a fijarse en sus traba- jos científicos. Eran tan rigurosos que, tras su abandono de la ciencia, los científicos no habían logrado olvidarla. Y así fue reclamada cons- tantemente para dar disertaciones y conferencias en distintos para- ninfos, a los que dedicó una importante parte de su tiempo. Incluso hasta la asociación alemana de académicos mostraría su satisfacción por contar entre sus miembros con una persona de su talla intelec- tual. Desde luego, el distanciamiento de la filosofía le hubiera permi- tido seguir a Teresa de Jesús en su experiencia de contemplación y «vivir pensando exclusivamente en las cosas divinas», que era en esos instantes su único deseo 49 . Sin embargo, se dejó guiar por la obedien- cia a sus consejeros espirituales, y como Dios tiene sus caminos, la atención a las indicaciones del padre Przywara fueron un acierto para su vida. En particular, fueron determinantes su explicación acerca de la relevancia del vínculo entre la filosofía y la fe, y de la complemen- tariedad de ambas, con las interesantes consecuencias que conlleva para la investigación y la propia vida, junto a la sugerencia hecha a Edith para que tradujese las Quaestiones disputatae de veritate del Aquinate, pasando por alto las dificultades que esa tarea iba a suponer para una fenomenóloga carente de preparación al respecto. Porque, tal como supuso el jesuita, Edith se familiarizó con la filoso- fía cristiana y, además, tuvo ocasión de poner sus conocimientos del método fenomenológico al servicio del pensamiento tomista, aunque para ello tuvo que abandonar el liceo de Espira en el que había pres- tado servicios docentes. Precisamente, pensando en la información que proporcionó el padre Przywara acerca del nexo existente entre la fe y la filosofía –con 49 Cf. T. a MATRE DEI, Edith Stein. En busca de Dios , 89.

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